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Firma el manifiesto apoyando La Derecha Como Performance

Firma Manifiesto la Derecha como Performance

Declaramos la guerra al tedio puritano. Reivindicamos la broma a través de las palabras cuyo significado ha muerto para hacer de ellas performance y reducir la acusación al absurdo. En mitad de esta penumbra mojigata sólo la ambigüedad del trolleo puede curarnos de la falta de humor que arrasa con el alma postmoderna. El nombre de este movimiento tiene como razón de ser las agitaciones epilépticas de las «almas bellas» (parafraseando a Hegel) cuando a estas se les menciona inocentemente el término «derecha». En La Derecha Como Performance es bienvenido el derechista y el izquierdista. ¿Malditas posiciones o posiciones malditas? Dada la ventana de Overton a través de la cual observamos el panorama social, realmente, toda subversión y toda disidencia son concebidas como «extrema derecha» por el «progre». Ante el cortocircuito mental de éste cuando reverbera en sus oídos el término «derecha», hemos considerado oportuno reivindicar este término sin importar la posición política del individuo en cuestión, pues el cometido de mencionar dicha palabra balsámica no es otro que el de hacer rabiar al neovictoriano que camufla su dogmatismo con tintes de pelo. Explicado de una manera más vulgar: «decimos derecha, por tocar los huevos».

Maldecimos al Neomoisés que alza sus Tablas de la Ley, sancionando a todo aquel que no abogue por un impuesto «bien común». Estamos en contra de ciertos identitarismos absolutos vengan de donde vengan, ya sea desde el globalismo más infantiloide o desde el dogmatismo patriótico más carpetovetónico. Progres y fachas sin ironía: os declaramos la guerra artística.

Dado que el fin del hombre es el estilo, como bien dice el Manifiesto Neoplasticista, la cursilería es el enemigo en esta hiperrealidad moral y un gran aliado en la sátira. Buscamos el escándalo real que atenta contra las convicciones de todo aquel que se erige en guardián de la verdad y la corrección, pues el militante dogmático no tiene humor y nosotros levantamos nuestra espada contra la aridez que provoca la seriedad.

Reivindicamos lo rancio para tergiversarlo, rizarlo y dominarlo hasta convertirlo en chanza. Buscamos llegar a un estado mental en el que lo ridículo tiene más peso que lo ético. No nos interesa dar mensajes de paz, pero sí que nos dejen en paz. No queremos cambiar el mundo. Solucionar problemas sociales es tarea de políticos, activistas, misses, bonos y yoko onos. Su tarea también es la de crear otros problemas que antes no existían. Por ello, nos limitamos a reírnos de todo aquel que busque erigir estatuas a la diosa del bien común.

¡MORALINISTAS, ESTAMOS CONTRA VOSOTROS!

Aunque nuestra actitud es contradictoriamente conciliadora, estamos en guardia y seremos beligerantes. Este movimiento es el de La Derecha como Performance y nuestra bandera solo arriará, cuando veamos una drag queen en los toros.

Se ha dicho.

«Afirmamos que las identidades políticas son multidimensionales y no pueden ser reducidas a una simple etiqueta circunstancial. Lo que consideramos derecha o izquierda en un país puede tener significados opuestos en otro. Lo que es conservador o progresista en una época determinada puede tener una dimensión distinta en el futuro. En el alma de todo ser humano conviven pequeños fachas, pequeños progres o incluso pequeños perroflautas. Nadie encajaría a la perfección en ningún estereotipo. Y defendemos esa riqueza identitaria como un valor a celebrar.» – Fonseca, co-fundador de Visual Politik -.

«En nombre de la derecha socialdemócrata, nihil obstat.» – Arcadi Espada, periodista -.

«Un fantasma recorre España, y de tanto caminar se le han desarrollado unos glúteos perfectos. Como persona de izquierdas, de los que se ponen dos cucharaditas de gulag en el café cada mañana, ya no puedo tener fe en ninguna revolución por parte del Pueblo, que claramente ha olvidado su clásica afinidad con situacionismo de Debord para entregarse plenamente a la filosofía ibérica del Benidormismo y el Susanagrisismo. Pero de pronto, una sombra al final de la carretera me azora: vaya par de huevos colgaderos tiene el Toro de Osborne. Olé. Toma eros y civilización: detrás del aparente puritanismo de la mantilla, yace agazapado el poder sexual de un toro bravo. El torero, símbolo internacional de nuestra patria junto con el sombrero mexicano y la paella con chorizo, luce un traje cuyas luces apuntan a su viril paquete. La chulapa madrileña desea volverte su esclavo y bailar un chotis sobre tu espalda. Y el legionario, como diría Michel Foucault, vaya pechazo tiene, qué uniforme, ay Dios mío, qué bueno está y a lo que Derrida respondió pues de culo ni te digo.

Es posible que no contemos con el prestigio filosófico de nuestros vecinos franceses, pero nuestros símbolos patrios tienen tanto sex appeal que levantan mucho más que mis ánimos. Si no puedo apropiarme de ellos para mi vil causa política, entonces por lo menos voy a disfrutar del triste onanismo derrotista de la izquierda postmoderna fetichizándolo todo. Viva la Legión Española, viva la polla torera, nuestra patria es el astado que raptó a Europa, y ya sabéis lo que pasó después.» – Quetzal, escritor y youtuber -.

«El poder femenino escapa de la izquierda y la derecha para gobernar a ambas a través de los hombres.» – Leyre Khyal, feminista disidente y antropóloga -.

España necesita una drag queen en los toros.

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