Desde hace unas semanas, el PSOE ha estado negociando los apoyos necesarios para sacar adelante sus escandalosos presupuestos. En los últimos días, Bildu ha expresado su voluntad de respaldar los presupuestos del Gobierno de Sánchez – del mismo modo que los respalda en Navarra, donde el PSOE ha declinado la oferta de UPN y abraza a los herederos de ETA.
Por supuesto, el apoyo de Bildu tiene un precio: subidas de impuestos, la derogación de la reforma laboral, más privilegios para el País Vasco y el fin de la (mal llamada) dispersión de los presos etarras. A este último respecto, el PSOE de Sánchez viene pagando favores a los herederos de ETA desde el comienzo mismo de la legislatura: en este tiempo, 103 presos etarras (25 de los cuales tienen delitos de sangre a sus espaldas) han sido acercados a cárceles vascas, y en los días pasados hemos sabido que Francisco Javier García Gaztelu (‘Txapote’), el asesino de Miguel Ángel Blanco, ha sido liberado de su aislamiento.
Así se celebran las buenas relaciones entre el Gobierno de España y los terroristas etarras. El otrora baluarte de la lucha contra el terrorismo (hoy, nuestro vergonzante Ministro del Interior), Fernando Grande Marlaska, niega categóricamente que el apoyo mutuo entre PSOE y Bildu tenga que ver con las concesiones a los presos etarras. La única explicación que se nos ocurre, en este sentido, es que Marlaska piensa que los españoles somos idiotas, además de tan indecentes como él.
Pero todavía queda algo de dignidad en el PSOE – aunque el Gobierno se esfuerce por disimularla. En estos días hemos oído durísimas críticas al coqueteo del Ejecutivo y los herederos de ETA por parte de barones socialistas (inmediatamente abroncados por Pedro Sánchez, ante quien, como el perro obediente, agachan las orejas), figuras destacadas y militantes históricos del partido (así Javier Ruipérez, antiguo embajador en Estados Unidos, secuestrado por ETA, y Alfonso Guerra, ex-Vicepresidente del Gobierno).
Ante el (merecidísimo) aluvión de críticas, el PSOE escenifica una retirada, negando el pacto y el coqueteo con Bildu. Pero la realidad es que los herederos de ETA son socios fundamentales del Gobierno de España, y ahora también juegan un papel clave en las negociaciones de los presupuestos. El Ejecutivo de Pedro Sánchez está entregando España a Bildu, mancillando con ello el recuerdo de los asesinados por ETA y humillando a las víctimas que aún viven.
Es intolerable que los que un día disparaban en la nuca a los nuestros hoy decidan sobre el futuro de España. Es hora de frenar la deriva de este Gobierno negligente y suicida, que, no contento con llevar el país a la quiebra económica, ahora lo entrega en bandeja de plata a los que un día trataron de acabar con él – y los que no descansarán hasta conseguirlo.
Es un deber moral impedir que el PSOE deje España en manos Bildu. ¡Ayúdanos a evitarlo!
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